Conociendo a nuestro Patrono

En uno de los monasterios fundados por él, había un monje que no podía permanecer en oración… Apenas los demás monjes se disponían a orar, él salía fuera del oratorio y…

Se entretenía en cosas terrenas y de poca importancia… Después de haber sido amonestado repetidamente por su abad, finalmente fue enviado a Benito, quien a su vez lo retó duramente por su necedad…

Regresó al monasterio y al tercer día volvió a su antigua conducta. Su abad le mandó un mensaje a Benito.

Iré y lo corregiré personalmente.

Sospecho que es el antiguo enemigo, pero quiero estar seguro. Y cuando los monjes estaban en la oración.

Miren, miren! ¿No ven quien se lo lleva para afuera?

No veo a nadie…

¡Como pensé, es el antiguo enemigo! arreglaré esto.

el único que podía verlo era Benito.

¡Tráiganme mi bastón!

¡Fuit! ¡Paf!

¿No fue una solución un poco simple? ¿Hace cincuenta años, las cosas eran más fáciles?

Hay que entender que las cosas de ese tipo eran diferentes cuando las hacía Benito. Era una especie de acción sacramental. ese bastonazo, fue realmente un golpe duro para el antiguo enemigo. Quizás de una manera que nosotros ni siquiera imaginamos.

¡Ah! y se me olvidaba… Ese monje nunca más fue molestado por el antiguo enemigo.

¡Así lo creo!

(Texto adaptado de “Benito. La aventuras ilustradas de San Benito”. Agradecimiento a la Editorial San Juan por permitir el uso de las imágenes del libro “Benito. Las aventuras ilustradas de San Benito”, en venta en Librería San Juan).

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