Entrevista: Verónica Guarda, Generación 1994

Soy periodista, Directora de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

¿Cómo te definirías?

Creo que soy una persona muy positiva y comprometida con lo que hago. Una mamá muy presente de mis tres hijos de 17, 15 y 8 años. Me gusta mucho asumir nuevos desafíos en todo sentido y aplicar en el día a día las cosas que me ha tocado aprender por mi trabajo. Me encantan las personas y soy una convencida de que hay más puntos de encuentro que de diferencias entre los seres humanos. Soy sureña de nacimiento y por elección. Por eso el bosque, la lluvia y los ríos de Valdivia son una parte importante de mi vida y ojalá en un futuro no muy lejano, pueda encontrar nuevos horizontes en esas tierras de mis antepasados.

Eres el tipo de persona que…

Siempre busca una salida en las dificultades.

¿Cómo influyó tu experiencia escolar en lo que te dedicas?

Lo que soy hoy es el resultado de las experiencias que me tocó vivir cuando niña y adolescente, sin duda. Una educación básica en región, marcada por un colegio laico y bilingüe que ponía el foco en la cultura, las artes y la historia universal. Y más tarde el San Benito, un colegio católico de profunda espiritualidad, que me permitió conocer ese lado más profundo de la religión. Mirando hacia atrás, creo que la existencia de ambos mundos fue muy valiosa para mi vida, las decisiones que fui tomando y el camino que finalmente elegí, ya de adulta.

¿Cuáles son tus recuerdos más preciados en el colegio?

Mis compañeras, sin duda. Nuestra generación de 1994 “La Colosal”, fue y es un grupo de mujeres muy fuertes, opinantes, creativas, inteligentes, gozadoras, abiertas, cariñosas. Me faltan adjetivos para describir a este grupo diverso con el cual sigue existiendo una complicidad única, a pesar de que no nos vemos mucho. Tengo recuerdos increíbles de ellas en las situaciones más insólitas y también en las más cotidianas, como la sala de clases.

¿Cuál es tu lugar favorito del colegio, por qué?

La cancha de vóleibol en el patio “de las mujeres”. Hasta ahí corríamos todos los recreos, invierno y verano para jugar partidos entre las que jugábamos en la selección del colegio y algunas que se sumaban para pasar el rato y reírse.

¿Qué fue lo que más te marcó del colegio?

Creo que llegar grande al colegio, a primero medio fue súper fuerte. Hoy me doy cuenta de que ese cambio sacó herramientas mías que no sabía que tenía y que me permitieron insertarme en este nuevo hábitat, que no solo era el colegio, sino la ciudad, las distancias, los círculos de amigos… todo era diferente. Fue como crecer de un día para otro y salir de la zona de confort de una ciudad chica donde las cosas más simples y las más complejas, estaban resueltas. Ese quiebre me hizo ser una persona que se adapta con facilidad a distintos escenarios, sociable y empática.

¿Sientes que llevas un sello de la formación del colegio?

Qué difícil es pensar en un sello en particular. Creo que el San Benito me abrió las puertas de la espiritualidad y el misterio, dando cabida a ese lado de mi vida que me acompaña hasta hoy. Recuerdo haber disfrutado mucho de mi paso por el M.A.M, las reuniones de comunidad, los retiros y la oración. Todavía cuando necesito paz interior, repaso mentalmente algunas de las letras y las melodías del Oficio Divino que me conectan además con otro espacio muy importante en mi vida, el Monasterio Benedictino de Las Condes y mi recordado y querido Padre Gabriel Guarda. No sé si es un sello, pero sin duda es algo que vinculo inmediatamente con lo que el colegio me entregó.

Resume en una palabra tu paso por el CSB.

Cambios.

¿Qué mensaje les darías a los alumnos del colegio hoy? ¿Qué oportunidades los invitarías a aprovechar?

En mi experiencia, el colegio me entregó muchas herramientas académicas para enfrentar los primeros años de la universidad sin miedo ni dificultades y eso es ¡inmenso! Con el tiempo uno se da cuenta que esa base de contenidos es clave para crecer profesionalmente y enfrentar desafíos estando preparada. Eso por una parte y por otra, sus amigos y amigas. Los lazos y las complicidades que se dan en el colegio son para toda la vida. Ese es el mejor regalo que se le puede pedir a un colegio.

Nombra un profesor o tutor que te haya marcado

Sin duda Patricio Facuse, profesor de castellano, amante de la literatura, de los clásicos, de la poesía. Transmitía ese cariño por los libros y sus autores y sin duda eso me hizo acercarme a las humanidades desde los primeros años en el San Benito. Una gran persona el Pato. Creo que a varias de nosotras les hizo mucho sentido su forma de enseñar abierta y cercana.